El área de Lengua Española no busca el aprendizaje de aspectos puntuales de la lengua, sino la adquisición de la competencia comunicativa de los educandos. Partiendo de este hecho es válido afirmar que tanto la enseñanza como el aprendizaje de la lengua se vuelven más complejos, pues se trata no de enseñar al estudiantado saberes gramaticales para que puedan comunicarse, sino de recorrer exactamente el camino contrario. Esto es, la educación lingüística busca proveer las condiciones necesarias para que los sujetos puedan escuchar y leer desentrañando el significado de lo que el autor quiere comunicar en el marco de una situación de comunicación y hablar, y escribir en variados contextos, con diversas intenciones y dirigiéndose a distintos destinatarios. Es así como los saberes conceptuales acerca de la normativa que rige el funcionamiento del sistema de la lengua quedan subordinados a los usos que hacemos de ella en contextos de la vida social y personal.
El logro de la competencia comunicativa se estructura en cuatro competencias específicas del área de Lengua Española: la comprensión oral (escuchar), la producción oral (hablar), la comprensión escrita (leer) y la producción escrita (escribir). A continuación, un breve esbozo de las mismas.
Comprensión oral (Escuchar). Es la capacidad de comprender diferentes tipos de textos orales en diversas situaciones de comunicación, identificando los roles asumidos por los interlocutores e infiriendo sus intenciones comunicativas. Supone desentrañar el significado de los discursos y la interpretación de los mismos asociada a los elementos no verbales y paraverbales que acompañan la comunicación oral. Esta competencia se pone en marcha en contextos reales y/o virtuales y en experiencias que tienen lugar tanto dentro como fuera del aula.
Producción oral (Hablar). Es la capacidad de comunicar oralmente ideas, pensamientos, sentimientos y experiencias, tomando en cuenta, durante y después del proceso, el nivel de comprensión de los interlocutores y las exigencias discursivas de la situación de comunicación. Esto es, se adecua a las características de la audiencia y situaciones y evalúa la efectividad de sus actos comunicativos. Implica el manejo de los componentes verbales (las palabras, los enunciados), no verbales (los gestos, la postura, los movimientos, la proxémica) y paraverbales (la entonación, el ritmo, las pausas, la intensidad) para el logro de la eficacia comunicativa.
Comprensión escrita (Leer). Es la capacidad de realizar procesos inferenciales complejos que permiten establecer conexiones entre los conocimientos previos que posee el lector y las pistas que ofrece el texto, con el fin de construir el sentido de lo que el autor pretende comunicar. Supone la puesta en marcha de estrategias de comprensión que apuntan a los niveles pragmático-enunciativo (inferencias sobre la intencionalidad y el contexto), macroestructural (inferencias basadas en la coherencia global del texto, es decir, en la unidad temática que mantiene el discurso[1]), microestructural (inferencias basadas en la coherencia local, es decir, en las relaciones semánticas entre las oraciones sucesivas del texto[2]) y superestructural (inferencias basadas en el esquema retórico de un determinado género discursivo[3]).
Producción escrita (Escribir). Capacidad de expresarse de forma escrita, partiendo de propósitos reales y contextos conocidos por los sujetos, empleando adecuadamente los conocimientos sobre la lengua (aspectos de normativa), los textos (tipos, estructuras y marcas específicas), las intencionalidades (propósito y función social del texto por producir), los destinatarios (quiénes son los posibles lectores) y el tópico (tema que aborda el texto), para responder a las exigencias discursivas de la situación de comunicación que le dio origen. Vista como un proceso cognitivo complejo, la escritura implica la planificación, la elaboración de borradores y la revisión, los cuales se ejecutan de manera recursiva en la medida en que quien escribe se va autorregulando.
[1]
Definición
tomada de Lacón de Lucia, Müller de Russo y Pretinoni de Bellora en Leo pero no
comprendo. Estrategias de comprensión lectora, 2007, p. 132.
[2]
Definición
tomada de Salvo de Vargas, María Estela en Leo pero no comprendo. Estrategias
de comprensión lectora, 2007, p. 152.
[3]
Definición
tomada de Castro de Castillo y Puiatti de Gómez en Leo pero no comprendo.
Estrategias de comprensión lectora, 2007, p. 64.
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